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martes, 4 de junio de 2013

La redención

Liszt / Horowitz: Consolación


Muchas aljabas sicológicas me envió el sombrío Tánatos a lo largo de mi vida, de tal modo que se empecinó en torturarme la existencia. En una de tales ocasiones, no hace sino unos pocos años, estando yo indefenso y a merced de la melancolía, solamente la música podía distraerme de mí mismo, que soy el peor enemigo con el que puedo tropezarme. No había página que llamase mi atención o suavizara mi derrota. Todo cuanto había leído y reconfortado mi espíritu y mi voluntad eran en ese trance, como en otros, inútiles metrallas contra la desazón universal que me asediaba. Solo, cuando languidecía, la escritura me daba algún sosiego.

Después, o entonces, escribí: (pulsar El paraíso perdido): 

¿Dónde estarán las músicas y versos 
con que se consolaba mi existencia
-y de tanto suicidio me salvaron-
ahora que preciso
su talismán para alentar mi vida?


Porque, efectivamente, la pluma, el pentagrama, el lienzo... nos salvan: el arte apacigua la existencia.