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jueves, 19 de abril de 2018

En el aula causal.




- Profesor: ¿Por qué y para qué estudiar, por qué es mejor aprender que ignorar?,  preguntáis ... Esta es mi respuesta: 
El ser humano es el animal que más tiempo biológico necesita para independizarse de su madre, para desarrollarse en cuerpo y mente, para adquirir un criterio propio y poder decir "este soy yo": necesita nada menos que unos 200 meses. Pensemos lo que eso significa  para nuestra vida: 20 años para convertirnos en auténticos adultos; 20 ó 25 para construir y afianzar una vida fértil y agradable; otros 20 ó 25 para mejorar,  gozar y nostalgiar los frutos cosechados durante los años anteriores. En resumen, siete décadas, por ejemplo. 
- Diana: Ahora se vive más y mejor...
Profesor: Precisemos, Diana: ahora cumplimos más años y disfrutamos de mejor salud. Lo del bienestar lo dejamos para otro día. Y continuemos -silogísticamente, deductivamente, como siempre-: no viviríamos el último tramo si no estuviésemos vivos durante el segundo, y ...
- ...que no somos niños, profe... -interrumpe Diana, olvidando que debe levantar la mano para intervenir-.
Profesor: ... y no viviremos bien el segundo tramo -ni el tercero- si durante el primero no hemos plantado todas las buenas semillas que fructifican después... ¿qué es inevitable deducir de esto?
Sandra: Que el primer tramo es el más importante, o el determinante del resto de la escalera. 
- Y tú, Pablo, ¿qué harías si fueras a construir una casa, o una escalera?
Pablo: Reforzaría los cimientos y aseguraría el primer escalón ...
- Profesor: Bien... Dejemos las parábolasy vengamos a la vida: confieso que durante muchos años he dicho -acogiéndome a la cita de Diego Torres- que "cuando quiero viajar leo un buen libro", porque cada libro es un viaje a la vida de un hombre. Pero, aunque hay que leer, la vida es más que la palabra. Por tanto, hay que vivir sin malvivir... Imaginemos ahora que todos vais a hacer un gran viaje. ¿Quién se quedará en el hotel, tumbado "a la bartola", en vez de salir para traer los ojos llenos de imágenes, los oídos llenos de músicas, la mente plena de experiencias con las que cultivar recuerdos y plantar proyectos? 
- María: ... Me apunto ya a ese viaje. ¿Cuándo salimos...?
Profesor: Pues ahí tenéis la respuesta a vuestra pregunta inicial. La vida es el gran viaje. Y aunque sea un viaje no solicitado, la vida nos ofrece todo lo que un itinerario infinito nos puede otorgar. ¿No sería de necios permanecer "a la bartola" mientras el viaje fluye, en vez de llenar las maletas de la existencia con cuantos frutos y semillas encontramos, con paisajes -y libros-, realidades y sueños, conocimientos, en fin? ¿Quién ha dicho que vivir, divertirse y aprender son enemigos? Simplemente hay que saber compaginarlos.
Creo que nadie tiene derecho a malgastar la única energía racional dotada con voluntad propia y fértil. Quien lo hiciese sería esclavo de la vagancia, la inutilidad y el desprecio por lo desconocido. ¿Cómo despreciar ni lo más nimio de la desconocido, si la Historia es una sucesión de descubrimientos? La vida es un misterio que hay que descubrir. Hay misterios que defraudan y otros que son tesoros. ¿Quién no quiere ser rico en experiencias que enriquezcan su vida? 
      ¿Quién rechazará la mejor compañía? Pues la vida no es solo un viaje, sino nuestra mejor compañera de viaje y, a la vez, nuestro único camino. En ella están la sed y el agua.  Cuanto más y mejor la caminéis, mejor aprenderéis a andar y almacenar estrategias para más adelante. Y este es el momento de llenar la cantimplora y las alforjas. Solo así es posible desmentir la conocida frase de M. Heredia: "Nos pasamos media vida queriendo acertar, y la otra media lamentando nuestros errores".


miércoles, 18 de abril de 2018

Lo que fue, lo que es, lo que será


Fragmento final

Leo historia y novela para conocer lo que, probablemente, fue; y literatura de ficción y ensayo para entender lo que, posiblemente, será. Solo la poesía me enseña lo que es. 
La razón es evidente:
Todas las artes, menos la poesía, tienen más de estrategia que de autorretrato inexorable del rostro del autor y de los hombres.

martes, 17 de abril de 2018

El devenir del saber.

Ceballos: Hortus conclusus

Hace 200 años, en un pleito, uno de los firmantes escribió junto a su nombre, como una virtud: “propietario de tierras y dinero”. El otro -era su hermano- rubricó: “Beethoven, propietario de un cerebro”. ¿Cuál de los dos hermanos fue más rico? ¿Cuál enriquece más al ser humano? ¿Y quién podrá arruinar La Sinfonía o poner precio al bien que ha dado al hombre?
Más especulativas que científicas, hay dos suposiciones que se han hecho sobre el futuro de la humanidad; una de ellas: que la escasez del agua pronto la hará valer más que el petróleo; la otra es que el libro dejará de existir en tan sólo algunos años. En realidad es el debate eterno entre el materialismo y la cultura, cuya resolución todos sabemos. ¿Pero vive mejor quien es más rico o aquel que es más pobre en ignorancia?
Siempre hay apocalípticos profetas que hablan del fin del libro y la cultura. Ahora es la autopista de internet quien -dicen los sofistas del progreso- derrotará, por fin, página y tinta. Sin embargo, los libros de papel -papiros, manuscritos, letra impresa, legajos- siempre han sido compañeros de la mente erudita y lo serán del formato electrónico porque este sólo demuestra que persiste el hábito de conocer el rostro de los otros, su corazón, su pensamiento y vida, el retrato social e individual. 
Según la British Library, en el año 2020 no habrá ningún periódico publicado en papel tan solamente; pero sus anaqueles crecen doce kilómetros al año. ¿Qué esperar sino la permanencia de lo impreso, a lo que va sumándose lo efímero si ayuda a difundir conocimiento? 
Cambian los tiempos, cambian los lugares; pero en el hombre permanece siempre el afán de saber, de conocer; y no hay prisión para encerrar sus ansias. No ha de morir jamás, por tanto, el libro, cauce de todas los sabidurías y huella dactilar del ser humano. Ya lo decía Nietzsche: “la lectura ayuda a rescatar de la barbarie” y a convertirse en hombre del futuro. Y el pensador Steiner escribió: “Sueño a veces con casas de lecturas donde los deseosos de aprender encuentren el sosiego necesario” y la complicidad de buenos libros. Quien tenga duda observe aquel genial “lo sabía” del monje Sean Connery al descubrir la oculta biblioteca de la umbertiana El nombre de la rosa.
Pocos preferirían el saber al poder, es decir: a Don Dinero. Incluso muchos libros alimentan más a su editorial que a los lectores. Y si se convirtiera el agua en oro muchos se alegrarían de la sed que los enriquecía de repente.
La cuestión no es saber qué ganaremos aprendiendo del árbol de la vida, sino qué nos perdemos ignorando. ¿A quién respeta más la Historia, a un hombre rico que se embrutece en su egoísmo o a un hombre solidario que enriquece a los demás con su sabiduría? ¿Y quién se sentirá más orgulloso de lo que es y de lo que será?

lunes, 16 de abril de 2018

Vicente luengo:


Dos diáfanas y recientes composiciones de Vicente Luengo:


Nikola


V. Luengo: Nikola

El lector puede revisar un libro del autor, publicado  en este blog, pulsando sobre

Apnea del sueño


viernes, 13 de abril de 2018

Un soneto olvidado


Katchaturiam: Adagio

Suele ocurrir que la pluma se exige dar lo mejor de sí, y envía a las sentinas del olvido aquello que le disgusta o no le satisface. Ejemplo es este improvisado dinosaurio escrito in illo tempore en el que la escritura tamborileaba por doquiera. 
     Un soneto febril desdibujado sobre una servilleta de papel, alguna noche mientras se parlotea con a saber quién sino consigo mismo creyendo que se le habla a quien está escuchando
     Dicen unos que es de aquel autor y otros que lo escribió tal vez estotro. Y qué más da, dígome yo carmineando- aunque yo lo sé-, quién rubricase sus menguados versos. Aquí está, salvado de un naufragio que acaso debería haber sido total:

                                      Cada vez que me tocas o te toco
                          y juntamos tu boca con mi boca,
                          siento que soy el mar y tú la roca
                          y que el beso nos une poco a poco.

                               La épica del coito nos provoca
                          batallas de lujuria y un seísmo      
                          sexual que hacia la magia y el abismo
                          de las salacidades nos desboca.

                               No hay éxtasis ni otro alto misticismo
                          como el orgasmo lírico y profundo
                          de dos cuerpos clamando al erotismo.

                               El universo entero se transforma :
                           sé que fuera de ti no hay otro mundo 
                           y que sólo el amor tiene tu forma.


miércoles, 11 de abril de 2018

Miserias literarias


Guridi: Don Quijote


A veces, ni siquiera los gigantes se reconocen entre sí. Prueba de ello es el menosprecio que Mozart y Goethe mostraron a Beethoven; o la ceguera de Gauguin ante la pintura de Van Gogh; o las luchas literarias entre autores de todas las épocas, a veces por envidias y otras por oponerse, aparentemente, unas poéticas a otras: como si no fueran todas una búsqueda de la definitiva. Castillejos no alcanzó a entender la grandeza de Garcilaso y Boscán; Lope, que buscaba hacer realidad su criterio de "poeta científico" no podía ver con buenos ojos a Góngora, verdadero creador de un lenguaje lírico -y "científico"- en las Soledades y el PolifemoQuevedo demostró su mala prez al comprar la casa en la que vivía Góngora solamente para echarlo de ella... Como ejemplo de luchas literarias, vigentes desde la Antiguedad hasta hoy, valgan estos versos de Quevedo:
Muchos dicen mal de mí
y yo digo mal de muchos;
mi decir es más valiente
por ser tantos y yo uno.

   Es decir: que exagerando o no, casi todos han encontrado grietas en las obras ajenas. Sin embargo, cuántos han confesado como su gran deseo el de haber sido autor de Don Quijote. Es decir: ser Cervantes.
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