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domingo, 14 de octubre de 2012

100 POEMAS EN UN BLOG (II)


Henze: Primera Sinfonía















Ediciones Oniria









Colección
INCUNABLES INTERNÉTICOS
TÍTULO QUINTO

100 poemas en un blog

Varios autores

Voluminario Segundo









En esta sección encontrará el lector algunos libros dados a conocer durante los primeros años de la aparición de la imprenta internética (cosa que no garantiza la nobleza de su calidad, como no la tenían muchos de los incunables gutenberguianos). Tal vez valga la pena su edición globerística por el hecho de ser difíciles de hallar en otras bibliotecas. Algunos son tan incunables que permanecen inéditos en cualquier medio que no sea el amanuense, el emailiano o el juglaresco.

No podemos disfrutar todos los libros con los cinco sentidos, pero sí con el sexto, que es el menos común: algunos nacen al margen de los públicos y eso los hace más minoritarios aún, bien por vocación ensimismatoria, bien por amor al arte, bien por misantropía. ¿Y qué editor invertiría en un libro que no fuese, también, un negocio?


La presente impresión es facsimilar del manuscrito de la mente, y consta de tantos ejemplares como el lector tenga a bien decidirse a ojear -siempre en edición princeps-.

Contra lo establecido por la Ley del Dinero, autor y editor conceden el permiso necesario para que el libro pueda ser copiado, convertido en pdf y transferido a cualquier lector electrónico.

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100 poemas en un blog

Volumen Segundo

Copyright: Los autores
Incunables Internéticos Editores
ISBN: Mientras mi vida fluye hacia la muerte
Printed en el Universo Globario

Eternidad Primera, S/N


Permitidas todas las reproducciones





100 poemas 
inéditos, algunos escritos para este blog. Eso es lo que tienen en común los aquí recogidos: ser una muestra de lo que se está escribiendo. Si aquí los traigo es porque creo que un blog es la única publicación que puede mostrar lo mejorable o desechable, y servir, por tanto, de borrador, cosa que no ocurre en la edición papirofléxica. Por eso no pretenden suplantar la lectura de otros de renovados méritos. 
En realidad, hay tan escasa escritura digna que sobramos casi todos. Aunque esa verdad solo debe ser un aliciente para limitar nuestras publicaciones.

He aquí 39 de esos poemas
(Para ir a la publicación original, pulsar sobre los autores en el Índice)





3

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Andrés Trapiello

JILGUERO


¿Es reaccionario o progresista el pájaro
que está cantando ahora
fuera del nido, entrado ya noviembre?
Este bendito sol debió de confundirle
con su dorada labia, y debió de creer
que eran de primavera tales doblas.
¿Y el sol es reaccionario o progresista
negándose a marcharse
a su cuartel de invierno?
Canta, jilguero, hasta llegar la noche,
articula en tu lengua lo que siente
tan a oscuras la fe,
la rara disonancia que extasía
hasta sacar el tiempo de su horma.
No lo hagas por mística ni gracia,
tan sólo por piedad, como le damos
el eco de la dicha en unos céntimos
al mendigo que pide para vino.
Y si te acuerdas ven también mañana
y dame lo que buenamente puedas:
la caridad no enjuga la injusticia
de tener que vivir sin tus canciones,
pero dime: sin ellas, ¿cómo haría?



  

4

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José A Ramírez Lozano

PASION ETERNA


Yo no quiero que un Dios que castigó la carne
la resucite luego al son de sus trompetas
lo mismo que al final de un baile de disfraces.

¡Oh pasión de mi vida, cuerpo mío de ángel
que envejeció de amor, que se abrasó de lumbre!

Quien ama no ambiciona más corona que el beso.
Dime qué eternidad es esa que prometes
más allá de los cuerpos si, al cabo, necesitas
para llenarla el tibio pecho que destrozaste.

Sólo una vez, no más, es hermosa la vida.
Ocúpate, Dios mío, del fuego que alimenta
la dicha transitoria y olvida las cenizas.

El tiempo, el tiempo dame. Él es mi amante cierto.
Si amor es consumirse, me mate con rozarme.






5

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Rosa Jimena
                                                                                  
RESPONDIENDO A LA TIERRA
27.05.12


Es el rito de la voz
que se entrega
a un silencio indispensable.

Es mi ser —de nuevo él—
quien te busca y no encuentra la forma
de que escuches mis palabras,
medio-tuyas, medio-ocultas, medi-tadas;

de seguirme en esas horas tan vacías
donde el sol, creciendo a mis espaldas,
aguarda el momento de esconderse
en el lado más oscuro de mi rostro.

Debería haber alcanzado tu límite,
respondiendo así al aliento que me cortas,
cuando encuentro el espejismo de tus labios
al llegar a tu boca indefinida.

Debería no entender
la condena que te impones
al juzgar la impunidad oscura
de este mundo.

O  tal vez quedarme a solas
y poder ser codiciada
por aquellos que me nombran sin saberlo.
  
                                            



6

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 José Daniel Espejo

12/V



Qué bellas explosiones,
voladuras controladas del lenguaje,
aventuras poéticas: el héroe
se lanza a reconstruir
con formas nuevas
asalta un tsunami palacios en ruinas
inmensos cachalotes en los restos del naufragio
y un gran beso final en que a la chica
le suben los cangrejos por el cuello y por el pelo.
Al lado mis poemas se parecen
a listas de la compra desteñidas,
a veces ilegibles, empapadas.
Pero el agua es la misma.
    






7

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Juan Andrés García Román

TODA LA VIDA ES MUNDO


Cuando mañana despierte y ya no vea
la cama de mi hermano
paralela a la mía como un signo de igual
ni su cuerpo en ella como un parterre.
Cuando las plantas de nuestros pies ya no señalen 
                                                                 el amanecer. 

Cuando mañana me levante
y me saquen sangre en una sala blanca, sin interior;
cuando me pongan una pulsera de goma
y al final del brazo del sillón se cierre un puño
y se abra una mano como soltando algo o como
tomando prestado algo al Señor.

Cuando mañana me levante temprano para ir al colegio
pero en mi pupitre esté sentada la muerte niña.
Cuando mirando la sombra de los objetos
me ponga nostálgico y piense
cómo ha pasado el tiempo, cómo
han cambiado los ojos
de repente.

Cuando por escapar de la vida meta la cabeza en la soga
pero el resto del cuerpo no quepa
y me quede colgando del cielo

y contemplando

la cabeza del cuerpo del Señor,
las rodillas del cuerpo del Señor,
el corazón del cuerpo del Señor.

Cuando mañana suene el despertador
pero la luna, podrida, tenga un gusano,
cuando llueva tanto que se me encharque
el pulmón y, entalleciendo en primavera,
me conduzca junto a mis maestros viejos,
los que echaron la rama de un bastón
y murieron goteando en las cátedras
de un colegio futuro

y un recreo de niños albinos y felices.






8

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Lorenzo Hernández Guardiola

PALABRAS ESCONDIDAS BAJO LOS PARAGUAS



No tiene culpa la lluvia
de la mirada triste,
de lágrimas que inundan la noche
con gemidos de agua;
de la sorda canción
que viene de las calles
maceradas por látigos,
húmedas agujas grises
que cosen su piel de asfalto,
adoquinada.
No tiene que ser culpable la lluvia
de la ciudad apagada en tus ojos
o que en el hogar bailen las llamas
una danza de frío y de rutinas.
No es culpable la lluvia
de que los años prefieran la estatua del cuerpo
detenido bajo aleros de hastío,
huidos los sueños
de sol y de alegría
en tu ocaso de nubes,
de melancolía.
Tengo con la lluvia
una buena amistad desde la infancia
y todos mis recuerdos los recuerdo como lluvia:
imágenes deshechas entre los dedos del agua,
sensaciones húmedas,
palabras escondidas bajo los paraguas.
                                                                





9

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Alberto Chessa

LA MIRADA DE ULISES


Te contaré mi viaje:
Un momento que asume los momentos,
Que resume en su trémolo lo que fue y bien será,
Porque en la piel se estarce el sudor del mañana
Pero también mañana es un viaje al ayer.
La mirada se pega al cristal de la máquina
Cuando cruzamos las fronteras,
Donde nadie es de aquí, y en cuanto se pronuncia
(Aquí) deviene un nombre propio que a nada nombra.
Hay que andar hacia el otro, traspasarlo,
Para alcanzarnos a nosotros mismos:
La primera mirada sólo existe
En tanto que se busca, mientras sigue
Aún sin revelar. In my end is my beginning.
Y por eso eres tú la misma y otra
En todas las mujeres que jalonan mi errancia,
Hablándome en mi propio idioma o en lenguas
Que desconozco pero sé qué dicen:
Lloro porque no puedo amarte, y porque
La Historia a veces es no más que un baile,
Lenin guillotinado, como todos los dioses,
En el vals del Danubio.
Parece que se fuera a levantar
El telón en cualquier instante,
Que lograremos resolver al fin
El jeroglífico de balas
Y morteros que ensucia el mar en cada hora.
La niebla es una fiesta, algunos muertos
Escampan en la niebla. Ya es la hora.
¿Cuánto ha durado el viaje? ¿Un día? ¿Treinta años?
¿Cuántas décadas hay entre el martes y el miércoles?
Es hacia dentro donde la mirada
Palpa las cosas, reconoce,
Como manos de ciego. Donde el viaje
No empieza ni termina. Donde el verso extravaga.
Donde la luz es otra





10

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Balbina Prior

RECORTES PRESUPUESTARIOS


En el taller clandestino de mi barrio
los ilegales iniciaron una huelga
por sus derechos laborales.
En adelante seguirán como pueblo
ahogado por las aguas de pantano,
asomando su campana oxidada cada sequía.
Y no habrá límites,
sólo recortes presupuestarios.

Juegan al fútbol los niños soldado
con la cabeza del enemigo,
mientras las antenas parabólicas
se entrenan al tenis con sus esperanzas.
No hay límites,
sólo recortes presupuestarios.

Captados los suicidas
de las bolsas de pobreza,
se educan en el primer mundo
con el dinero del miedo.
No hay límites.
Se aferran a los explosivos
sin fecha de caducidad
y consiguen pensiones millonarias
para sus familias.
No habrá límites,
se jubilan con el dinero del miedo
y por el amonal de los recortes presupuestarios.

                                                                                   






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Ramón García Mateos

INÉDITO
II

Quiero beberte, descender al brocal umbrío de ese pozo y humedecer mis labios en la fuente, beber con la sed de siglos y sequías, beberte con obsesión convulsa, con el temblor febril del condenado, chupar, lamer los labios que saben al resplandor del sol en los esteros, labios para mi boca como pliegues del mar salobres y abisales, como la sombra ecuestre del instinto,

quiero beber de ti, ciego y perdido, galeote en tus muslos, confundirme, negarme, quiero beber de ti: la lengua que acaricia, ávida y firme, nacarado deseo, vaivén del alma, la lengua que recoge las gotas de rocío, beber de ti, agua de amor, quiero beber de ti, llenarme de ti, la lengua por las ingles, mi lengua por la fuente con miel y hierbabuena, sabor de mar, flor de la jara, saciar mi sed, quiero saciar la sed que seca mi garganta, beber de ti, quiero estar vivo, cerrar las puertas a la muerte, desterrar el tiempo que pasa y que nos hiere, sed de eternidad, mi lengua por las ingles, la lengua por tu sexo, detener el tiempo en esta tarde de junio que te amo, en esta tarde de junio que agoniza, en esta tarde…

Quiero beberte y sentir el temblor de tu carne en mis manos, el temblor del deseo palpitando en tu cuerpo, distante y mío, el temblor del deseo que mana entre mis labios para que yo lo beba, mujer que te estremeces al son de mis caricias, arpegio enamorado, tu cuerpo es una cítara para que yo la toque, vibrando en el ocaso la música imposible asciendo hacia la cima alada de la dicha, contemplando tu gozo, sintiéndote encendida y temblorosa, mi dicha es tu placer de yegua desbocada, tu desnuda altivez de felino en arrullo, tu cuerpo es una cítara que acarician mis manos, música y agua para que yo me sacie del temblor azorado de tu carne.
                                                              






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Miguel Ángel Curiel

EXTINCIÓN DE LA NIEVE



Comencé por atrás una historia, no por el final, sino por los bordes últimos de la nieve. Detrás de los muros esta duraba más.  A los pies del muro al otro lado había nieve que duraba muchos días. Alfombras sombrías de nieve. Al contrario que a los píes de los árboles. Allí círculos de calor donde la nieve apenas dura, pies templados, como nuestro aliento difumina el cansancio y lo empaña en los cristales. Es como si respirará un tiempo contra otro empañándose el mundo. Pero ya raras veces nevaba aquí abajo. Nieve que me quema los ojos. Cada vez había que subir a mayor altura a buscarla. A otros lugares y espacios inaccesibles todavía para las palabras. Al menos nadie había hablado jamás en voz alta en aquellos picos y macizos, y nadie habría corrompido el aire con su voz. Donde el hombre acude a depositar su locura y a veces las primeras nevadas sorprenden al tiempo acelerado, y todo se detiene para que podamos retroceder, o restituir la voz perdida en el mundo. ¿No se parece este interludio al momento en el que cubrimos con sábanas los muebles de la casa que vamos a dejar deshabitada mucho tiempo? Así todo queda a salvo del polvo, o de cualquier ruido o sonido limpio. Como cuando se rompía el instante por dentro por la simple fuerza del silencio, y la tensión del mundo, y las estrellas de hielo que nunca terminan de quemarse. ¿Y qué le hubiera deseado al ladrón sino la paz y unas semillas? Había dejado una carta al ladrón, y al haber entrado en esa historia por detrás, ya no me encontraría con el mundo, sino con un entramado, un poder corrupto, unas bocas llenas de lodo, ojos de fuego. ¿Podría haber silbado en esas nieves alguna melodía antigua que restituyera el equilibrio de lo perdido? Me disipé, simplemente se disipó todo lo que era.
Preferí morir de frío.
¿De qué hubieran servido allí arriba un discurso o una plegaria? Toda voz se habría roto contra las piedras.
Costras blancas de unas heridas invisibles.
Si yo fuera el paseante, el que sube hasta estas costras de nieve para quitarse la edad.
El sol a la espalda como una carga de paja, o de otra cosa que pudiera arder fácilmente sin dejar apenas ceniza 
Una carga de algo liviano. Diría entonces que me he cargado de luz.
Pero solo era eso, un ejercicio, una necesidad de movimiento, de llevar las palabras a donde no querían ir. Mientras tanto, de vez en cuando levantamos la cabeza para ver el mundo.
Todo lo que podía hacer era mirar sin forzar,
hablar sin decir, escribir sin resolver. Ya no tenía fuerzas más que para mí mismo, y mis ojos ya no buscaban, sólo guardaban espacios de nieve tras estos muros donde los árboles agitan su sombra desnuda.
Luciérnagas apagadas, cáscaras que crujen bajo mis pasos para convertirse en raíces de la niebla. 
¿Pero era yo el más indicado para ser el campanero, el pastor o el zahorí? ¿Era yo el dueño del eco?






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 Ezequías Blanco

COMPÁS DE ESPERA

No tiene fin este camino.
Cada uno de tus pasos a la muerte
le lleva la contraria.

Dejar el disfraz en esta roca
donde va y viene el mar
donde la mar va y viene y se retira…

Dejar la camisa en el sótano
de este día de otoño
donde la luz sabe a miseria
y huele a vejez agria…

Ir con el río a verter impresiones.
Ir con el río que no ha olvidado la ceguera
en que nos deja la humedad la bruma
la espesa niebla de todos los inviernos.

Como en este silencio
como en la mitad muda de la música
habita un verano subterráneo

hasta que llegue la manada de los días tranquilos
a desentumecer las garras
a bañar en el agua de la fuente
sus bríos congelados.






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Miguel Ruiz Martínez

UNA MANO COGE UN LIBRO


Monótono sonaba el reloj -tic
tac, tic tac-, artefacto establecido
hace tanto en la vieja estantería.


Con los lomos en contra de los tiempos
una fila de libros avalaba
el trabajo infalible del cronómetro.


Vueltas y vueltas dieron las agujas
que ensartan, acordadas, el destino
entre el polvo incoloro de la nada.


Hasta que aquella mano decidió
coger el libro aquel, interrumpiendo
un romance tan frío con el muro.





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   José Verón Gormaz

RETÓRICA DEL LLANTO



Lágrimas…

 
Humildes se deslizan,

como húmedos poemas que no acaban.

Siempre buscan el último verso
sin saber que no existe.






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 Ben Clark
                                  
El Reino Menguante


Es un espacio triste y sin reflejos. La corte es escasa
y el tiempo abunda y sobra y entorpece.
Aquí hubo días mucho más felices;
épocas pequeñas, desapercibidas, instantes juglares
entre hamacas y sábanas.
Éramos entonces, tú y yo, muchos.
¡Viva, pues, mi reino menguante! Reino de fango 
                                                           / y de retazos.
Trono del resquemor
de los pavos reales en llamas y en huída,
de agónicos rosales y setos sin podar,
de barro en el parqué,
de lámparas de araña atropelladas.
Viva este hueco preñado. Cada día menos, cada día
más inútil para el paseo.
Caballerizas hediondas, fuentes estancas y febriles.
Ni una rana, ni un pájaro perdido.
Ni un cartílago libre de ponzoña.
Pero no te has marchado todavía.
Estás aquí.
Lo envuelves todo, aprietas las paredes
que crujen, que ceden. Caen los últimos cuadros
y encadenado ha muerto de hambre el perro.
Y escribiré las crónicas de este imperio si no es tarde ya.
Hablaré allí de las tardes que aquí nacieron,
de las hordas de amor y de las noches,
de las guerras perdidas, de los muertos,
de los antiguos héroes y del vasto horizonte
siempre por conquistar.
Viva el último viva de mi reino menguante,
el reino que fue nuestro y ahora odio porque es mío.
Y un rápido vistazo al palacio doliente que celebra
la anorexia incurable de sus muros.
Y una última palabra que se exprime
antes de que no quepa ya mi culpa
ni el cadáver de todos nuestros planes
ni la corona amarga de mi arrepentimiento.







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  Jesús Bernal

             DANZA DE CÁNCER

                                           
 Contemplo el movimiento entre las rocas
negras de la escollera,
su equilibrio de espuma punteada
por las corazas vivas de los cámbaros,
las pinzas que se anudan a la música
vibrante del oleaje, y no hay belleza
pese a haber geometría en el oficio
preciso del crustáceo;                                                                               
en su danza de araña el mar duplica
el prisma del salitre
sobre el bucle barbado de la anémona,
la astucia de la anguila,
el pulso del molusco en las arenas.

Hay sacrificio en el quehacer sin pausa
de las tenazas próvidas
sobre el verde esmaltado de los charcos,
abnegación en la voracidad
de la colonia, donde el sol ofrece
en oro a la codicia sus divisas
como es a un dios ofrenda nuestra especie,
y emergen de las grietas, seccionándose,
las sedeñas corolas de la sombra
como emerge la vida en las mareas,
como dicta la cábala del Cosmos,
sin razón, sin belleza, con sus larvas
que trenzan y destrenzan la materia.





18

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Albert Torés García


DESNUDEZ DEL DÍA EN EL UMBRAL DE LA NOCHE



Y de las casas de asombro su tiempo
que todo lo envuelve y nada toca,
su luz frágil frente a todas las horas
en las que los deseos toman asiento.

Tímidos y naufragios, la mirada
nos escribe con la distancia del humo,
y por ello tus pasos, siembro trémulo
como un castaño al sentir la lavanda.

Mar último cuando son los espejos
que responden al sentido. Mar último
si la certeza de la piel se vuelve
alma. Mientras, al horizonte espero
entre calles que dan nombre al latido.

Te desnudas al latido del pájaro
herido, y yo, frente a cualquier reflejo
para sentirte la cara me rasgo
sin temor. Tu sonrisa entre  mis dedos,
la polvareda última del amor
extiende el rocío a su cruz de ciruela.

Entre tus labios la palabra acepto
para cambiar la historia. La libamos
ahora que las espinas son pisadas.
Entre voces, tus piernas anhelo
como primer secreto de los rayos
ácidos de mi esperanza. Exaltado
silbido de las vidas en barbecho.

Y la espera responde con dos nombres.
Jaana y Albert, Albert y Jaana,
que gritan sin querer convocar al pasado,
tan sólo velar la ventana por si el sueño,
su respuesta tal vez, se precipite y diera luz
a este jardín de la memoria, secreto:

Tu espalda arenosa que siempre veo.
                    
                             



19

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Elías Moro
      
DOS POEMAS PORTUGUESES


Avenida dos náufragos
(Sesimbra)


En esa ventana,
la mujer esperó,
inútil y largamente,
el regreso de su hombre
tragado por el mar,
confortada sin esperanza
por sus vecinas viudas.

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Estampa antigua


Bien encajado en la cintura,
las piernas colgando sobre la falda,
acunado entre el pecho
y el hombro de la madre,
el niño duerme.






20

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María Sanz

INCERTIDUMBRE



Con quién te jugarás este poema,
si aún no ha despejado
su incógnita de suerte...
Sólo colma el principio que desoye
la melodía innata,
un trayecto de granos aventados
sobre el dócil terreno
que tantas horas fue su lenitivo.
Por quién escribirás esta agonía,
si aún te sobra noche
para buscarle a ciegas...
Sólo alzas la pluma entre tus dedos,
terrible imitación de lo sagrado,
mientras vas reflejándote,
sin rostro,
en un papel vacío
donde aún no has firmado tu sentencia
de vida retirada.








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Tomás Sánchez Santiago


LO MUSITADO


Eso que deja abiertas las puertas
al sollozo
                       (su voz sin hueso
y su tejido roto y escurrido)
y todavía hace posible
mover entre los dientes
la extraña compasión de los significados.

Eso que empieza a arder
aun antes de encenderlo y pide paso justo
cuando ha encontrado perdición,
y atraviesa pasillos oscuros
lavándose las sílabas en saliva cansada.

Eso, lo dulce escatimado,
lo que llega sólo a morder la luz
de lo intermedio,

lo musitado, sí, de donde sale nada más
el humo hilado de unas pisadas en la nieve.

Hasta ahí, hasta ahí llega
la rozadura pequeña del poema.

Un ruido de uñas rotas
y nada más.

Tócame con los nombres sumergidos.

  




22


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Elda Lavín

NATURALEZA EN MÍ


Hay una entre las ráfagas del aire,
velada, apenas hilo,
que viene de muy lejos.
Si te alcanza, en ti irá habitando
su ambición lasa, su temperatura
y un harto respirar de pulmón infinito
que dé todo cabida al universo.
Descansará en ti y tú sentirás
calor y lentitud de tacto,
del que configura y te eleva hasta su imagen,
reinantes voluntades frente a frente,
suspensas sin fin en el trono
defectuoso de los días.
Mas no te engañes,
sólo eres una excusa,
la matemática operación que hace
de su infinito
acotado lugar de tránsito.






23

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             Angélica Sevilla

CÁNTICO ERÓTICO


Todos los días me propongo huir
de este bosque de piedra y mecanismos
que me hacen desdichada.
Ven conmigo a la selva y a los montes,
a la azucena, al pájaro y la ardilla.
Desnúdate conmigo, entra en el río;
librémonos del mandamiento. Arroja
tu espíritu carnal sobre este prado
que cobija la sombra de los árboles
aquí, donde estoy yo
rodeada de hierbas aromadas,
manzanas y limones.
Cava en mi corazón hasta encontrar
la semilla del cosmos
y brotará la dicha en nuestros brazos
como un surtidor mágico que aguarda
surgir de las estrellas y los túneles
del centro de la tierra,
de nuestros propios cuerpos y sus ansias.
Cuando se abrazan nuestros corazones
es a la primavera a la que abrazo,
y parece que somos el origen
de cuanto existe.
No lo dudes ya más: trae las músicas,
los trigos y la miel,
y olvidemos la obtusa geometría
de la infelicidad acomodada.







24

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Vicente Luengo Moraga


EN SAN PETERSBURGO


En San Petersburgo los gatos amanecen
helados sobre las farolas.
Se parecen a nosotros
los bohemios
que huyendo del invierno prematuro del alma
buscamos refugio entre tibias luces de ciudad
encontrándonos el amanecer abrazados a ellas
       y aun extinguidas
no quisimos
             o no pudimos
       bajar a la mañana.






25


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Alfredo J. Ramos
                                  
MÚSICA PARA LA MANO IZQUIERDA



Dejo el espejo a un lado
y también aparto la evidente presencia de la noche
me sumerjo en la luz de mi mente
quiero decir que cuento
sin dejar de respirar ni de pensarlo
el ritmo de cada inspiración
el ritmo de cada expiración
el ritmo de cada inspiración
y el ritmo de cada expiación…
Pienso en la muerte pero no me roza
ni su ala negra ni el olor del patio
delantero de mi casa de niño
cuando inventaba espacios transitables
bosques silenciosos de musgo blanquecino
y unos pies desnudos con los que poder
cruzar la mancha quebradiza del estanque de hielo
                                                  / sin romperlo.
Estaba reuniendo solo un poco de música para la mano 
                                                 / izquierda*
la que me ve escribir sujetando por debajo
el cuaderno de pastas negras y corazón tan blanco
como un extraño miembro que se hubiera sumado
a una fiesta que no era para él
y en la que se limita a contemplar el giro de las parejas
                                                / en medio de la pista.
Música que crece desde un interior innombrable:
el espacio desierto del mismo desierto
real que imagino cada vez que se alejan
las palabras
y es solo un poco de costumbre en fino polvo
lo que acude a mis manos     como ahora
estos granos menudos de diversos colores
misterio puro que contemplo y distingo y separo
y alzo con cuidado entre mis dedos
y los dejo caer uno a uno
sobre la sonora extensión de la mesa
y en el inmaculado silencio de la página
por ver si es posible escuchar
las notas verdaderas
de una música única tal vez interminable…
                                            
                                
*«Los buenos poetas son todos zurdos. Escriban con la mano que escriban, lo hacen desde el lado imprevisto del mundo y del lenguaje». (Javier Rodríguez Marcos, en un artículo sobre el poeta sueco Tomas Tranströmer, El país, 7 de octubre de 2011).








26

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Adela Sainz Abascal


¿A qué desenterrar lo oculto?
Mejor, mucho mejor
dejar ladrar al perro sin saber.
No importa contra qué,
bajo quién, para quién.
Es el mes de los muertos.
¿A qué destapar nada?
Mejor abrir los ojos
a la extrañeza de esta luz
en la que baila una mañana nueva.
Tal vez por eso, solamente por eso
aplazas buscar entre papeles.
No quieres releerte.
Inventas un nuevo horizonte
más allá de tus ojos muertos,
más acá de la niebla
de esta mañana blanca
del mes de los difuntos.






27


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José Mateos

NIEBLA EN EL JARDÍN DE OTRO
            A José Antonio Muñoz Rojas, en la memoria.


Marcado estoy a fuego, condenado
a decirte, a decir de ti tan sólo
los signos que derramas en tu huída
(ese árbol blanco que, a primera hora,
miré en la niebla del jardín de otro
y esa ventana sobre el emparrado…),
Poder que me escogiste desde niño,
no sé por qué necesidad oscura,
no sé con qué propósito de darte
sin darte nunca a conocer, sin nunca
darte luego del todo, para siempre
volver a darte.
                            Larga sombra, niebla
por el jardín, que encarna en lo que existe
sin coincidir con nada exactamente
de lo que existe. (Y que ese árbol blanco,
esta mañana en el jardín del otro,
volvió a llamar –qué extraño- por mi nombre).







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Josefa Parra

HELENA CONTEMPLA A SUS HERMANOS




Dulces hermanos, carne
de un mismo amor, rendidos
al borde de la noche
os contemplo: soberbios
como dioses, y frágiles
como cisnes. Qué extraño
maleficio nos une,
qué enredados caminos
llevaron a este ocaso.

Me llamaréis hermana,
y yo os llamaré amados,
piel deleitosa, fruta
de mi propio jardín.
Míos sois por la gracia del deseo.
Soy vuestra por la gracia de la sangre.

Y un día lloraré
al decir vuestros nombres.







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José María Piñeiro

AQUÍ


Tras los siglos,
los carrizos no han dejado de agitarse al compás de la brisa,
ni los peces surcar las profundidades translúcidas.
Ese árbol simboliza el cosmos al tiempo que forma parte de él.
El mar siempre estuvo ahí, liberador de memorias.
Y el tiempo de la creación no ha sido sino el instante
en que, de pronto, la flor cerrada
ha extendido sus pétalos a la luz.
Del mismo modo,
mi palabra no revela la confidencia de ningún ángel promisorio,
ni pretende tornear nuevas leyes de la mirada,
sino que se destrenza en balbuceos amorosos
que el deseo desea satisfacer en ti.








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José Santiago Pérez Olivares

LOS NIÑOS DE LA ESTACIÓN LENINGRADSKY

                                                      A Roma, Misha, Yula y los demás



Los niños de la estación Leningradsky
     también perdieron la guerra.
Mas no como soldados,
     sino como niños
que un día descubren el horror.
Ellos no conocen más guerra que la de cada día
     -una en la que no hay obuses ni cañones,
campos minados ni metralla-.
Pero nada recuerda tanto una guerra
     como sobrevivir,
y nadie se parece tanto a un francotirador
     como una criatura con hambre.
Siento piedad por los niños de la estación Leningradsky,
por esos cuerpos sucios, esas ropas raídas,
esos ojos que dan la impresión de no entender.
Siento piedad por Misha, abandonado
     en un orfanato,
por Roma, cuyos padres bebían y lo azotaban.
Y por Yula, violada en la flor de sus doce años.
Siento piedad por los hombres y mujeres de Rusia,
     noble y bárbaro país
de popes y mujiks, de Solschenitzin y zares.
En el rostro de sus niños
     -los niños de la estación Leningradsky-
puede leerse la historia de la guerra
     (de todas las guerras perdidas).
Ellos llevan en la frente la sombra del GULAG
     y la sonrisa de Stalin.
Llevan la herida del vodka y la mirada de acero
     del KGB.
Yo siento piedad por los niños de la estación Leningradsky,
     llena de turistas,
de policías que odian,
de trenes que se hunden en los túneles
     como buscándole el alma a la noche.







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 Antonio del Camino 

SONETO "COJO"


Quizá porque mi tiempo se acompasa
a una canción sin ruido ni estridencia,
o porque basta y sobra su presencia
para pintar de claridad la casa.

Porque sólo preciso de ternura
para enfrentarme a cada nuevo día,
porque late en su piel la poesía
ajena al son de la literatura.

Porque con poco tengo suficiente,
y es mucho más que todo si contamos
esposa, hijas y padres, mis hermanos,
y la amistad probada de mi gente.

Porque invita la vida a ser vivida,
más que escribir, disfruto de la vida.











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Carlos Alcorta

                CABALLOS DOMÉSTICOS


Descienden lentamente, olisqueando
con su hocico aterido fríos tallos quebrados
por el granizo y el hielo de la noche,
hacia gargantas y llanuras fértiles
cuando se adelanta la primavera.
Protegida del viento la manada
por un tupido muro de follaje
de bardas enrolladas al alambre de espino,
el único horizonte que sus ojos
divisan es un cielo encapotado
y sucio que somete sus instintos.
No ansía mansedumbre
ni prisión el deseo.
Dentro de ti, ese mismo cielo gris
cobija grandes playas, lejanías
del alma que en la adversidad se crece.
A la intemperie el corazón salvaje
se hace más fuerte. Sólo la traición
que impunemente rompe coaliciones
y pactos y deroga el juramento
sagrado de lealtad a los que amamos,
puede obligarte a renunciar sin lucha
a esa parte de ti insumisa, indócil
que mantiene despierta tu conciencia.






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Enrique Gracia Trinidad

¿POR QUÉ?



Estuvo hablando toda la mañana de la felicidad, un rato con palabras, otro con gestos. Hablaba solo. Le brillaban las manos y la voz.
Apenas si probó bocado al mediodía. No tengo hambre —dijo para sí— no me apetece nada.
Por la tarde escribió en un cuaderno durante un par de horas. Luego arrancó las hojas, las dobló con cuidado y las quemó en el cenicero. Le brillaban los ojos a la luz de las pequeñas llamas azuladas.
Se tomó las pastillas con un buen vaso de cerveza. Eran amargas. Mordisqueó un trozo de pan con chocolate, aquel grato sabor de la niñez que era el sabor del mundo.
Salió a la calle cuando empezaba a oscurecer. Canturreaba una canción apenas recordada. Entre dientes, para no molestar.
Se marchaba la tarde cuando entró en el parque. La ciudad se perdía a sus espaldas. Se sentó en un banco de madera bajo una acacia joven. Llovía lentamente. Le brillaba la lluvia por los hombros. Volvió a pensar en la felicidad.
Antes de medianoche estaba muerto.







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 José Luis García Herrera

HADDINGTON
                     (The Pheasant)



Si tuviera que empezar las historias por el final,
si no dispusiera de tiempo para narrar
los avatares de un viaje, las miles de anécdotas
que llenan tardes de espera y papeles blancos,
empezaría por aquí, por nuestras manos apretadas
y el sabor amargo de esta cerveza compartida
en un pub bullicioso, una noche escocesa.
No cantaría otra vida que la vivida estas dos semanas,
ni hablaría otro idioma que no fuera el propio
de los mares de hierba y las piedras de espuma.
Con los ojos cerrados pisaría cada huella
de las carreteras secundarias recorridas, cada valle
donde hemos aprendido a amar la raíz agreste
que cultivan los ángeles de la belleza;
cada cama extraña donde hallamos cobijo
para alimentar a las aves del deseo y del reposo.
Si tuviera que empezar las historias por el final
empezaría hablando de ti
hasta que la noche me ganara el sueño
y en mi boca quedasen atrapados
tus labios de cerveza.

                             



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        Manuel Parra Pozuelo

         INEVITABLE FINAL


          No habrá más claridad.
          Este sol es el único. No hay otro.
          La ilusión que te habita
          jamás podrá evitarlo.
          El deseo que te engaña
          es sólo eso,
          la lumbre que a sí misma se consume.
          Sólo te espera el tiempo de la nada.
          Tú has de seguir los pasos
          de aquellos que ya fueron.
          Nada ha de sobrevivir  
          de instantes tan amados.
          Tu llanto por su  pérdida
          será como un rocío
          que un sol ardiente
          sin piedad reseca.
          Pronto será el momento
          de tu consumación.
          Afronta el hado.
          Alumbra cuanto puedas
          el instante que pasa
          y besa con el alma
          todo lo que has amado.
          No has de volver jamás,
          tu recuerdo tampoco
          habitará en el tiempo,
          sólo puedes mirar,
          retratar el instante,
          lo demás es silencio.


                                                     


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 José Luis Puerto

 (Ara votiva a Ilúrbeda, La Alberca)


Diosa antigua, ¿quién eres?
Un ara te recuerda en mi lugar,
Ofrecida en tu honor
Por Albinus, un hombre
Del que nada sabemos
Salvo la melodía de sus sílabas.
¿Cuál es tu potestad,
Cuáles tus atributos?
¿Proteges el lugar,
Proteges nuestros bosques?
Sólo queda de ti
Esta ara votiva
Labrada en un granito silencioso
Que guarda en sus entrañas
Misterios que ignoramos.
Tú, diosa desplazada,
Ilúrbeda, patrona
Del lugar, de los bosques,
Protege lo sagrado
Que pervive en mi espacio del origen
Y líbralo de tantas
Profanaciones a que es sometido.
Secreta diosa de un oeste pobre,
Te ofrezco hoy, por todo lo que pido,
El ara más leal
de mis palabras.
                                                           

             



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Agustín Calvo Galán

AL MORIBUNDO


Se ralentiza el temblor,
abre apenas los ojos
evitando parpadear.
De entre los dedos
se le vacía el gesto
y          en una inspiración,
boca arriba,
en el esfuerzo del tórax
por corregir la asfixia,
el último estertor se hace
ya silencio,
ya sólo el silencio del oxígeno
silbando,
la inmovilidad, las paredes a dos colores,
las uñas oscuras,
la puerta con una rendija
de luz,
y una enfermera que vendrá
                                                                       después
a taparle la cabeza con la sábana extendida.





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Manuel Susarte

FRAGMENTO


ardoroso temblor de la materia
angélico egoísmo que se escapa
hacia el páramo de los espejos
y el llano encantado de las campanas
como una red de arterias temblorosas
que apenas se apresura o se retarda
según la intensidad de su deleite
que presume el dolor y no lo cumple
que escucha retumbar el murmullo
absorbe sus esencias y se mantiene
en el fresco alborozo de la carne
admitiendo en su unidad perfecta
el gemido encantado de un encuentro
en el crepúsculo se concentra
en su silencio blanco
en la orilla vital de la palabra
y en la inminencia de la sangre
tiene la noche un árbol
con frutos de ámbar y sed de siglos
una sed que abre cauces en el sueño
dispersa un fulgor de criaturas
y blande el contorno fascinado de la forma







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             Ana María Drack



            Demasiados consejos 
            de señores listísimos
            estaban convirtiéndome en adulta,
            en una coctelera de palabras perfectas,
            perfectamente oscuras
            para mis tiernos ojos,
            perfectamente exactas
            para la deliciosa imperfección que prefiero.
            Ahora están haciéndome
            un lavado de escrúpulos
            dos simples transeúntes
            que he encontrado en la playa.
            Que nadie me proteja.
            Que nadie venga a rescatarme.






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Joaquín Juan Penalva


EL MANANTIAL DE LA DONCELLA


                             A veces, los pastores 
                             pueden convertirse
                             en lobos
                             y devorar
                             a las doncellas
                             que se acercan al bosque.
                             A veces, un rey
                             justo puede
                             transformarse en león
                             hambriento
                             y desollar
                             a los lobos
                             junto al manantial
                             de la doncella.

       





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    Rosa Martínez Guarinos

       MADRES  DESNUTRIDAS CON  NIÑOS  (DESAHUCIADOS)



        Hay locura en los rostros del hambre,
        un cóncavo aullido no resuelto
        que nimba como aura negra
        los delicados cráneos.
        Hay perplejidad sin causa,
        un terco mirar
        de lo inmóvil a un centro fijo.
         No hay tristeza ni horror,
         sólo vacío dentro del vacío,
         sólo un estar sin nervio
         y un dolor que no duele.
         Sólo una piedra negra inscrita
         en el centro del alma.

         Los rostros del hambre se parecen
         como flores oscuras incrustadas
         en el nicho cabal de nuestras mentes.
         Se les rompe el amor
         por dentro de los ojos,
         por eso miran madres sin mirar
         a los hijos
         y los llevan atados con los huesos
         de amar contra los vientres.
         A veces los cargan a la espalda
         como una dulce muerte
         con las alas caídas.






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